Recuerdo que hace un tiempo un amigo reivindicaba la
distancia. Decía que gracias a la tecnología estamos más cerca de quienes
tenemos más lejos, que las personas a las que más ha querido han estado de una
u otra forma lejos. Yo lo entiendo, me he acostumbrado desde pequeña a vivir
así, extrañando a los que no estaban, porque mi familia siempre estuvo a 400km,
porque hasta mis amigos imaginarios estaban en otro lado y no conmigo. Si
relaciono eso con un video que vi hoy (acá les dejo el enlace, por favor véanlo)
y me centro solo en la parte de las historias y no tanto en la ecología de su
mensaje, diría estamos ya muy lejos de seguir creando historias, no todos, pero
si la gran mayoría ha perdido la noción de lo real. Porque no sé lo que piensen
ustedes, pero creo que armar un vínculo a partir de un par de caracteres que
van y vienen a través de internet no es una historia que desee contar. Prefiero
una carta, cargada con la prolijidad de quien la envía, con un trazo manchado,
con todos los rizos que se dibujan en algunas letras. Si tengo que seguir
eligiendo a la gente que está allá donde se pierde el horizonte, prefiero que
me llamen, que graben un maldito video, que busquen una forma de s
Y si tengo la suerte de no estar siempre distante, mirando
sus caras, no quiero estar viendo sus vistas bajas contemplando solo la maldita
pantalla del celular, porque yo no me voy al campo para sacar una foto que
pueda compartir con gente que no me interesa. Si voy es porque quiero estar
ahí, quiero compartir con la naturaleza, y si los busco es para compartir su
presencia y no lo que figura en una maldita red social.
Quiero seguir recibiendo cartas, quiero seguir intercambiando
regalos, abrazos, suspiros, sueños, metas. Quiero que valga la pena escribir
una historia sobre esta vida, que no se reduzca todo a una sola ventana de
chat.






